Patrimonio lingüístico leonés V

Llión 2011

De Legio a Llión

«Tres cousas tien L.laciana/ que nun las tien L.lión,/ la Cruz de Cuetu Nidiu,/ Las Rozas ya El Tambarón», dice un cantar popular lacianiego

Es bien sabido que el origen de la ciudad de León se debe al asentamiento definitivo de una legión romana, la Legio VII Gemina, en la confluencia de los ríos Bernesga y Torío a partir del año 74 de nuestra era. En la abundante documentación medieval leonesa se refleja la evolución del nombre de la población desde el acusativo del término latino legio, -onis, hasta la forma actual siguiendo este esquema Legionem > Leione > León, que es la explicación etimológica comúnmente aceptada.

Sin embargo, en las zonas de habla leonesa se ha mantenido otra denominación para la capital del viejo reino distinta de la oficial. El primero en constatarla fue Santiago Alonso Garrote en la obra El dialecto vulgar leonés hablado en Maragatería y Tierra de Astorga (1909), donde apuntó: «Llión. Geogr. La ciudad de León»; así mismo, Garrote ejemplificó en ese libro la palabra ‘llau’ con esta frase proverbial: «Semos de Llión á un llau; [es decir] cerca de León».

Guzmán Álvarez recogió la variante L.lión en su estudio El habla de Babia y Laciana (1947), y donde la grafía ‘l.l’ representa a la llamada che vaqueira propia del asturleonés del noroccidente leonés y del occidente asturiano.

En Páramo del Sil, Mariano Castro Antolín documentó L.lion en su tesina Ribas del Sil. Léxico y toponimia (1987)

Por su parte, A. Cabeza y F.J. García atestiguaron la forma Llión y el adjetivo llionés en tierras cepedanas, según vemos en su Vocabulario de La Cepeda (1994). Fuera de León, pero dentro del dominio lingüístico asturleonés y en una zona limítrofe con el noroccidente provincial, Joseph A. Fernández, autor de la monografía El habla de Sisterna (1960), constató en esa parroquia asturiana L.lión para referirse a León. La evolución de esta forma del topónimo podría ser: Legionem > Lleyón > Lleón > Llión, que propueso hace años por el lingüista Fernando Álvarez-Balbuena García en un concluyente estudio dedicado precisamente a este topónimo.

Los datos medievales avalan esta posibilidad pues entre los siglos XIII y XIV encontramos las formas Lleón y Lleon en documentos redactados en romance leonés de Carrizo, León, Valencia de Don Juan o Piasca (Liébana, Cantabria), aunque formas sin la palatalización de la l- inicial como Legione o Leion (y sus variantes) o León, son mayoritarias en la Edad Media. No obstante, hay que tener en cuenta que la palatalización de la l- inicial latina no solía reflejarse en la escritura del leonés medieval, a pesar de que este este rasgo debía de estar presente en el habla desde tiempos remotos e incluso en la pronunciación romanizante del latín, pues se conocen ejemplos de latinismos escritos con ll- en la documentación leonesa desde principios del siglo X; en este sentido, es muy significativa la forma «Llegione» que aparece en dos documentos de la catedral de León datados en los años 978 y 999.

El topónimo León

Si comparamos los topónimos Llión y León la primera conclusión que podemos extraer es que Llión es la forma más evolucionada, es decir, más diferenciada del término latino del que deriva, por lo que León podría entonces interpretarse como un caso de grafía que continúa una tradición escrita latinizante que, por adaptarse perfectamente a la fonética castellana que no palataliza la l- inicial latina, acabó por imponerse cuando el castellano desplazó al leonés en la escritura a lo largo de la Baja Edad Media, para generalizarse posteriormente dicha forma en el habla. En el dominio lingüístico asturleonés existen numerosos ejemplos de topónimos que siguen esta misma pauta. Con todo, el topónimo Llión no desapareció, aunque se mantuvo vivo exclusivamente en la oralidad hasta el siglo XX, momento en el que se documentó su existencia y comenzó la recuperación de su uso escrito por los defensores del leonés.

La capital leonesa, que da nombre también a la provincia y a la región actual que fue el núcleo del reino medieval, tiene dos nombres, los dos derivados de la unidad militar romana que se acuarteló en su solar hace casi dos mil años, los dos legítimos pero que han seguido caminos diferentes. Los dos son dignos de ser tenidos en cuenta.

Nicolás Bartolomé Pérez, La LlariegaDiario de León, 18-10-2015

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