Patrimonio lingüístico leonés IV

Asturllionés;_usu_y_estensión

La fala gloriosa

«Dende Miranda a Llubarca/ de ríu Navia a ríu Nalón/ Viva la fala gloriosa/ del gran reinu de Llión» escribió a principios del siglo XX el poeta asturiano Fernán-Coronas

En el siglo XIX varios investigadores extranjeros comenzaron a interesarse por el estudio del leonés medieval, pero no fue hasta 1906, a partir de la publicación de la obra de Ramón Menéndez Pidal El dialecto leonés, cuando comenzó el estudio de sus variedades vivas al menos en tierras del antiguo reino de León porque en Asturias o en la Tierra de Miranda ya hacía un tiempo que existían investigaciones sobre las hablas asturleonesas de esos territorios.

Menéndez Pidal demostró la relación de las hablas de León con las de Asturias y el mirandés de Portugal, apuntando también la «relativa unidad del leonés moderno, especialmente del occidental, desde Luarca a Miranda». En palabras del profesor Ramón d’Andrés, Pidal descubrió para la ciencia la «lengua glotológica asturleonesa», pero no la llamó lengua como si hizo con otras variedades romances, sino dialecto basándose en consideraciones de tipo extralingüístico. El glotónimo «leonés» tenía ya entonces un cierto uso erudito pero no popular, aunque fue Menéndez Pidal quien consolidó esta nombre para designar al conjunto de hablas de León que no son ni castellano ni gallego; lo que sí había y hay en León son designaciones locales para las variedades autóctonas (pachuecu, cabreirés, pal.luezu, forniellu, etc.), lo que contrasta con Asturias o con la Tierra de Miranda, donde las designaciones populares de sus hablas asturleonesas son, respectivamente, asturiano (junto con bable, que es un nombre de origen erudito) y mirandés.

En todo caso, leonés es la denominación que se ha popularizado en León para la lengua vernácula, y la que recoge también el Estatuto de Autonomía de Castilla y León. Menéndez Pidal también determinó en aquel artículo inaugural de la filología leonesa la existencia de tres grandes bloques dialectales del asturleonés: el occidental, el central y el oriental. En León, la mayoría de hablas leonesas se adscriben al bloque occidental, pero también encontramos hablas orientales (en Sajambre, por ejemplo) o centrales (la de Los Argüellos).

Sobre la vitalidad del leonés Diego Catalán y Álvaro Galmés manifestaban en la introducción del primer volumen de los «Trabajos sobre el dominio románico leonés» (1957) que «el leonés [está] firmemente arraigado desde Asturias a Zamora», pero en el período transcurrido desde entonces hasta el presente el uso del leonés ha ido retrocediendo tanto geográficamente (cada vez se habla en menos zonas), como socialmente (cada vez lo hablan menos personas), aunque también es verdad que el interés y la movilización social por la preservación de esta lengua han crecido mucho en las últimas décadas hasta obtener el estatus de lengua protegida en Castilla y León, reconocimiento más simbólico que real habida cuenta de su nula promoción por la administración autonómica.

El leonés hoy

El geógrafo Jesús Burgueño en su clasificación sociolingüística de los territorios bilingües de España incluye al leonés, al que califica como lengua debilitada, en la peor de las situaciones posibles, esto es, al borde de la extinción en muy pocos años. Los elementos esenciales de la situación del leonés en la actualidad serían: 1) Confinamiento del leonés en el medio rural por un proceso histórico de retroceso territorial. 2) Las élites locales no emplean nunca la lengua autóctona. 3) El contexto de uso del leonés se restringe a familia y vecinos. 4) Pérdida de la lengua entre las generaciones jóvenes. 5) La lengua propia es vista como un obstáculo para la promoción social. 6) Utilización del castellano como lengua de prestigio en todos los usos formales y como única lengua escrita. 7) Infravaloración de la capacidad expresiva de la propia lengua. 8) Percepción del leonés como una degradación de la lengua oficial. 9) Falta de conciencia de unidad lingüística a causa de la fragmentación geográfica e incomunicación de las comunidades de hablantes, lo que se traduce en el caso leonés en la presencia de denominaciones localistas.

Burgueño concluye que la pluralidad lingüística no es una excepción, un dato pintoresco o marginal, sino parte primordial y sustantiva de España.

Nicolás Bartolomé Pérez, La LlariegaDiario de León, 4 – X- 2015.

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