Patrimonio lingüísitico leonés III

Estela

Herencia romana

La Constitución Española prescribe en su artículo 3 que la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.

En la historia de León hay dos momentos decisivos que han marcado el devenir de esta tierra y de sus habitantes. El primero de ellos se produjo hace dos milenios y fue la incorporación de lo que hoy es León al Imperio Romano. Aquel fue un proceso traumático producto del sometimiento forzoso del pueblo que aquí vivía, los ástures o astures, nombre étnico que hay que relacionar con el río Astura (Esla). Los ástures se extendían por la mayor parte de León y Asturias, mitad occidental de Zamora y zonas aledañas de Portugal y Galicia.

La anexión por Roma de este amplio territorio con el fin de explotar sus recursos, sobre todo los mineros, llevó a su organización mediante la creación de una estructura administrativa, el Conventus Asturum, el desarrollo de una notable red viaria o su urbanización con dos ciudades destacadas: Astúrica Augusta (Astorga), capital del convento, y Legio (León), donde se estacionó con carácter permanente la VII legión. Los ástures no desaparecieron físicamente a pesar de la dureza de la conquista, pero acabaron plenamente integrados en el mundo romano del que aceptaron la lengua latina, su derecho, su modo de vida y hasta su religión, primero la pagana y después la cristiana. De una u otra forma numerosas consecuencias de la romanización siguen vivas hoy en León.

El otro gran momento histórico leonés lo constituye la existencia del Reino de León, cuyo origen hay que situar en el Asturorum Regnum (literalmente el Reino de los Astures) del que habla la Crónica Albeldense, y del que León es heredero y continuador al asentar la monarquía asturiana su Corte en la antigua Legio, ciudad que dió nombre al propio reino cuya cabeza ostentaba.

La romanización de los ástures y la consolidación de un reino medieval con gran dinamismo durante la Alta Edad Media y cuyo núcleo fue precisamente el territorio del antiguo Conventus Astrurum, fueron factores determinantes para que se generara en ese espacio territorial un romance autóctono, el leonés o asturleonés, al mismo tiempo que fueron apareciendo el resto de dominios románicos peninsulares: el gallego-portugués, el castellano, el navarro-aragonés y el catalán-valenciano. Así pues, el leonés es el resultado directo de la peculiar evolución del latín hablado por los ástures romanizados y sus descendientes, y producto también de las circunstancias sociales, económicas, políticas y militares que se derivaron de la conformación de una entidad política autónoma, el Reino de León, en el que se consolidó una lengua románica propia con particularidades y caracteres diferentes a las de los romances hermanos.

El leonés medieval

Entre los siglos XII y XIII la lengua leonesa alcanzó su máxima expansión territorial y una situación de relativa normalidad al ir alcanzando una serie de funciones que fue ganando al latín como fueron su empleo en la literatura (Poema de Elena y María, Libro de Alexandre), en el ámbito de la justicia (con la traducción del Liber Iudiciorum visigodo al leonés), en la administración (como lo prueban los fueros de las principales ciudades del reino que fueron redactados en leonés o romanceados en este idioma desde el latín: Avilés, Oviedo, León, Zamora, Salamanca, Alba de Tormes, Ledesma…), en las relaciones jurídico-privadas (como constatan las colecciones documentales medievales de Asturias y León). Podemos suponer también que el leonés era la lengua empleada por todas las clases sociales del Reino de León entendido stricto sensu. Después de la incorporación de León a la Corona de Castilla en 1230, el leonés logró su mayor nivel histórico de uso escrito e institucional, aunque desde finales del siglo XIII el castellano comenzó a sustituir al leonés en la escritura en un lento proceso que no se consumó completamente hasta el siglo XV. La pérdida de poder político de los territorios del antiguo reino leonés (a mediados del siglo XIV sus principales instituciones desaparecieron), su escasa población y su inferior nivel de desarrollo económico en relación con otros territorios de la Corona, así como la mencionada sustitución del leonés en la escritura a favor del castellano, que fue muy promocionado por los monarcas desde Alfonso X, fueron circunstancias que favorecieron su retroceso social, territorial y la pérdida de prestigio hasta quedar reducido prácticamente a la condición de lengua exclusivamente oral subordinada a la castellana.

Nicolás Bartolomé Pérez, La Llariega, Diario de León, 20 – IX – 2015

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s