Patrimonio lingüístico leonés II

Lenguas romances en Europa

 Habla, dialecto, idioma

El artículo 5.2 del Estatuto de Autonomía de Castilla y León dispone que el leonés será objeto de protección específica por parte de las instituciones por su particular valor, y que su protección, uso y promoción serán objeto de regulación

El gran romanista suizo Wilhelm Meyer-Lübke clasificó siete lenguas romances, aquellas que derivan de latín, en su Gramatik der romanischen Sparchen (1890): portugués, español, francés, provenzal (antiguo) italiano, rético y rumano. Poco después, en 1901, consideró la existencia de otros dos idiomas románicos, el sardo y el dalmático, ya extinguido por aquel entonces. Hasta 1925 Meyer- Lübke no incorporó a la nómina de lenguas neolatinas al catalán, idioma que se consideró durante mucho tiempo como una variedad del occitano.

Lo cierto es que la concreción de las lenguas romances siempre ha sido una cuestión sujeta a debate, y su enumeración varía en función del manual de lingüística románica que se consulte y de los criterios que manejen los especialistas en esta cuestión, criterios que no son solo de orden lingüístico. Así, el gallego es valorado generalmente como un idioma autónomo, aunque próximo al portugués; sin embargo, en la propia Galicia hay quien sostiene? que el gallego es en realidad una parte de la lengua portuguesa aunque deturpada por el castellano. Entre los lingüistas existe un consenso unánime en que el valenciano y el catalán son la misma lengua, pero en la Comunidad Valenciana el valenciano es considerado por algunos sectores como una lengua autónoma, lo que ha generado en las últimas décadas agrias controversias.

En el siglo XIX el filólogo italiano Graziadio Ascoli determinó con criterios lingüísticos la existencia de un nuevo idioma románico, el francoprovenzal, hoy más conocido como arpitano, hablado en el este de Francia y zonas colindantes de Suiza e Italia, lo que fue duramente objetado por varios lingüistas franceses. Más problemática fue la pretensión de algunos filólogos italianos en las primeras décadas del siglo XX de clasificar al romanche, lengua románica que se habla en el cantón suizo de los Grisones, como un dialecto italiano del norte. El irredentismo del régimen fascista sobre los territorios afines cultural o históricamente a Italia, incluido el cantón de los Grisones, aceleró que el romanche fuera expresamente proclamado como la cuarta lengua nacional de Suiza en 1938.

El leonés: dialecto o lengua

Ramón Menéndez Pidal publicó en 1906 una obra imprescindible titulada El dialecto leonés (1906), en la que se caracterizó e individualizó por primera vez a esta variedad lingüística respecto de las restantes variedades románicas peninsulares. A partir de ese trabajo los principales manuales de dialectología española han incluido al leonés dentro del conjunto del español. Pero la clasificación del leonés como un dialecto castellano resulta discutible si acudimos a los criterios estrictamente lingüísticos que apunta el profesor de la Universidad de Oviedo Ramón d’Andrés, quien indica que el origen histórico del leonés no se encuentra ni en el gallego ni el castellano; es decir, el leonés no se ha originado históricamente en ninguna de esas dos lenguas vecinas.

Además, en la Península Ibérica encontramos una serie de espacios geográfico-lingüísticos que surgieron de la evolución del latín: el gallego-portugués, el leonés o asturiano-leonés; el castellano, el aragonés y el catalán. Todos estos dominios están en la actualidad en el mismo nivel en la jerarquía evolutiva, lo que quiere decir que no tienen ninguna dependencia evolutiva alguna: ninguno vienen de ninguno, todos ellos derivan del latín. Por otro lado, todos los romances ibéricos acumulan una serie de diferencias mutuas que, aunque no están medidas matemáticamente, se valoran de un volumen mutuo parecido. Esto es, las diferencias entre el gallego y el leonés son de un volumen parecido a las de leonés y castellano, y estas a las del aragonés y catalán. Por debajo de ese nivel evolutivo están los dialectos de cada dominio (andaluz, respecto del castellano, el ibicenco respecto del catalán, el sanabrés respecto del leonés). Por último, es evidente que el leonés está en el mismo nivel evolutivo y de trazos diferenciales que el castellano o el gallego. Si hay acuerdo en denominar lenguas al castellano o al gallego, como unidades clasificatorias dentro de la diversidad románica ibérica, hay que reconocer que, sin salirnos de criterios estrictamente glotológicos, no hay ningún motivo para que el leonés no reciba el nombre de lengua.

Nicolás Bartolomé Pérez, La LlariegaDiario de León, 6 – IX – 2015.

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