Santa Brígida y San Tormentero, el primer día de febrero

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      El día uno de febrero y su víspera los mozos de las aldeas de las riberas y de las tierras llanas leonesas celebraban una fiesta de especiales características dedicada a santa Brígida. En la actualidad las tradiciones referidas a ese día se han perdido pero hasta hace poco la celebración, ciertamente degradada ya, se mantuvo en forma de merienda de hermandad entre los mozos de los pueblos leoneses el primer día de febrero o el fin de semana más próximo a esa jornada.

       Para describir la fiesta tal y como era hasta hace pocas décadas voy a partir de los datos recogidos en Alija de la Ribera, localidad situada a ocho kilómetros al sur de la ciudad de León sobre la ribera del río Bernesga, y que forma parte de la comarca tradicional de La Sobarriba. En este lugar, hasta la década de los años cincuenta del pasado siglo aproximadamente y conforme a los testimonios recogidos en la zona, los mozos hacían una cuestación de comida casa por casa la tarde-noche del 31 de enero, víspera del día de santa Brígida, y con el producto de la colecta celebraban una merienda. Terminada la misma los mozos subían por turnos a la torre de la iglesia donde voliaban las campanas durante toda la noche; con esta operación se impedía que los “diablos que amasan la piedra” pudieran trabajar y fabricar el pedrisco con el que destrozar las cosechas, ya que se creía que era durante la noche de santa Brígida cuando esos diablos preparaban las tormentas. Si no se tocaban las campanas ese día se consideraba un mal presagio. El toque de campana empleado era el “tente nube”, usado también para deshacer la nube al acercarse las tormentas. Cuando se utilizaba este toque se repetía por lo bajo el siguiente conjuro:

Tente nube,
tente tú,
que Dios puede
más que tú.

Tente nube,
tente palo,
que Dios puede
más que´l diablo.

      El conjuro era una interpretación lo que decía la campana a la tormenta cuando se empleaba el “tente nube”. En Alija siempre había una o dos personas entendidas encargadas de voliar las campanas. También en la contorna se celebraba el día de santa Brígida, ya que durante la noche se oían las campanas de los pueblos vecinos del otro lado del río, especialmente se escuchaban las campanas de Torneros y Grulleros. Un refrán del pueblo indica lo señalado de la fecha en la localidad: “Santa Brígida y san Tormentero, el primer día de febrero”.

      En las aldeas de la comarca de Valencia de Don Juan, la antigua Coyanza, los mozos también celebraban el día de santa Brígida en términos parecidos a como lo hacían en Alija, al menos hasta mediados del siglo XX. Así, en un libro de erudición local sobre esa zona leonesa se describe como los quintos (mozos de reemplazo) del lugar de Izagre tocaban las campanas a tente nube la víspera de santa Brígida por la noche. A la mañana siguiente los mozos se disfrazaban de brígidos, es decir, se vestían con ropas grotescas que embadurnaban y de esta guisa recorrían las calles dando la serenata a los vecinos tocando almireces y hierros, y portando ruecas y husos. Los vecinos correspondían a los brígidos dándoles embutidos, huevos y vino para celebrar a continuación una merienda.

      Sin embargo, la mejor descripción de esta fiesta nos la ofrece José Luis Alonso Ponga en el referido estudio que se centra en la comarca de Los Oteros. En esa zona los mozos convocados por el más viejo de ellos o por el alcalde de los mozos, se reunían el 31 de enero al anochecer y mientras unos iniciaban la ronda por el pueblo, otros subían al campanario durante toda la noche para tocar el “tente nube”. El motivo para emplear este toque de campana era el mismo que en Alija: conjurar a los renuberos, ya que así no podían amasar la piedra al quedar aturdidos con el son de las campanas, con ello se preservaban las cosechas del granizo. Como pago por esta operación el alcalde del pueblo convidaba a los mozos a vino, escabeche y pan. A la mañana siguiente los mozos recorrían el pueblo casa por casa en una cuestación denominada “sacar los torreznos”, encabezada por un mozo vestido de Brígida, con saya negra, chambra y un pañuelo también negro, esto es, caracterizado como una vieja que además llevaba rueca y huso como si estuviera hilando. A continuación iban los demás mozos con una cesta donde recogían los huevos que les daban y con una horca de hierro donde espetaban chorizos, jamón y tocino. Cuando un vecino les obsequiaba con algo los jóvenes respondían con esta bendición para proteger las viñas:

¡Qué santa Brígida te preñe los barcillares!

Pero si un vecino no les daba nada contestaban con esta imprecación:

¡Ojalá se te apedreen!

Con el producto de la colecta la mocedad celebraba una merienda en la tarde del primero de febrero.

      En Valdevimbre la víspera de santa Brígida tocaban las campanas a “tente nube” dos horas seguidas al anochecer porque se creía que ese día se engendraban las nubes y tocando las campanas se alejaban del pueblo las tormentas. En Villabalter, municipio de San Andrés del Rabanedo, también aparece documentada la costumbre de tocar las campanas de la iglesia la víspera del día de santa Brígida con la pretensión de alejar las nubes que en la primavera amenazaban las cosechas. En esta zona la interpretación que se hacía del “tente nube” era muy curiosa al sumar al conjuro el refrán de Alija que ya vimos, y otro refrán que resume los disantos de febrero en León:

Tente nube, tente tú,
que Dios puede más que tú,
tente tú, tente tú.
Santa Brígida y Santo Mortero
el primer día de febrero,
el segundo candelero,
y el tercero blasero.

      En Castilfalé el protagonismo de los mozos en la festividad de santa Brígida se reflejaba en que ese día los quintos escenificaban el rito de paso de rapaz a la edad adulta, y para ello los mozos que eran llamados a filas en el año realizaban una cuestación por las casas del pueblo denominada “sacar el torrezno”, y que consistía en solicitar a los vecinos la consabida aportación de huevos y tocino que posteriormente eran vendidos para obtener el dinero necesario con el que celebrar una merienda colectiva. José Luis Puerto, por último, constata en Torneros la celebración de la fiesta de santa Brígida donde ha recogido el mismo refrán que se conoce en Alija de la Ribera, localidad cercana a aquélla situada en la ribera opuesta del río Bernesga.

 

“El día de Santa Brígida en León: una celebración invernal preludio de la primavera” (fragmento), Revista de Folklore 293 (2005).

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