El asturleonés hoy en León y Zamora (y II)

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LEONÉS, ASTURIANO Y MIRANDÉS

Existe una íntima relación entre las hablas leonesas, las asturianas y el mirandés como ya apuntó Menéndez Pidal (2006: 28) en su magistral obra El dialecto leonés cuando afirmó “la relativa unidad del leonés moderno, especialmente del occidental, desde Luarca a Miranda”. Vamos a tratar brevemente la cuestión de la denominación de la lengua para analizar a continuación la relación del idioma en León con el resto del dominio. La existencia de diversos nombres para designar una misma realidad lingüística es una situación muy frecuente: castellano/español, flamenco/neerlandés, occitano/provenzal, etc. En el caso leonés nos encontramos con una situación todavía más compleja:

1.- Menéndez Pidal fue el primero en emplear la denominación de leonés para referirse al conjunto del dominio lingüístico, aunque tal nombre nunca fue empleado a nivel popular ni siquiera en León. En Asturias los hablantes denominaban y denominan a la lengua asturiano, y en la Tierra de Miranda, la denominación de la lengua fue y es la de mirandés. Leonés es pues inicialmente una denominación de origen erudito acuñada y empleada por filólogos, pero con el transcurso de los años se ha ido popularizando en León para designar a la lengua.

2.-Otras denominaciones como asturleonés o asturiano-leonés aluden, tal vez con mayor precisión, al conjunto del territorio donde se habla.

3.- Los hablantes patrimoniales leoneses cuando emplean algún nombre para referirse a su habla casi siempre han optado por denominaciones locales: senabrés o pachuocu, furniellu, pal.luezu, cepedanu, cabreirés, etc.

Fue también Ramón Menéndez Pidal, en la obra mencionada más arriba, quien propuso la división, todavía vigente en gran medida, en tres grandes bloques dialectales del dominio lingüístico: el occidental, al que se adscriben las hablas del occidente asturiano, las de la mitad occidental de las provincias de León y de Zamora (a excepción de las comarcas más occidentales, de lengua gallega) y el mirandés, hablado en el municipio portugués de Miranda do Douro; el central, con presencia en el centro y centro-oriente de Asturias y en la montaña central leonesa; y el oriental, propio del oriente asturiano y de la montaña oriental leonesa. Como vemos en la provincia de León encontramos, aunque con diferente grado de extensión territorial y de vitalidad, hablas representativas de las tres grandes variedades del asturleonés, de hecho los montes cantábricos no marcan en general ningún límite lingüístico entre León y Asturias ya que la variedades lingüísticas leonesas no presentan diferencias relevantes en relación con las asturianas del otro lado de los puertos de montaña que unen ambos territorios. Así, y teniendo en cuenta la mayor castellanización del lado leonés, el habla de Babia, Laciana y Palacios de Sil es la misma que se puede oír en los concejos asturianos de Somiedo, Cangas del Narcea o Degaña; el habla de Gordón o de Los Argüellos leoneses, a pesar de su gran castellanización actual, tiene evidente conexión con la de los concejos trasmontanos de Lena o Aller, y la lengua en Valdeón y Sajambre es prácticamente idéntica a la del oriente asturiano. Está claro que esta identidad lingüística a uno y otro lado de la Cordillera Cantábrica evidencia una estrecha y antigua relación humana de la que la lengua constituye una preciosa muestra. Es cierto, por otra parte, que el asturiano normativo, empleado hoy en día en la enseñanza, en la producción cultural o en los medios de comunicación del Principado, se basa en la variedad lingüística del centro del Principado tanto por la existencia de una tradición literaria ininterrumpida que se remonta al siglo XVII, como por el peso demográfico de los hablantes de asturiano central en relación con el resto del idioma, lo que no impide que lo que en León se llama leonés y el asturiano sean en esencia la misma lengua. Una buena demostración de esta afirmación la tenemos con la obra de dos escritores de Palacios del Sil, Eva González (1918-2007) y su hijo Roberto González-Quevedo, que comenzaron su producción literaria a finales de los años setenta del pasado siglo y a publicar libros en 1980 con la serie Na nuesa tsingua; pues bien, toda su producción literaria fue editada en Asturias donde fue calurosamente acogida además de por su calidad literaria, por la plena identidad lingüística entre el pal.luezu del noroeste leonés y el asturiano occidental. Aun compartiendo un patrimonio lingüístico común existen diferencias fundamentales entre León y Asturias en este aspecto por la ausencia de diversos factores que si encontramos en el Principado pero no en León: vitalidad del idioma, conciencia lingüística, tradición literaria, elevado número de hablantes y un movimiento social plural y consolidado que defiende la pervivencia de la lengua. Respecto a la relación actual entre mirandés y el resto del dominio creo que las palabras de un hablante patrimonial de mirandés tan cualificado como es António Bárbolo Alves (2007: 300), escritor, investigador y director del Centro de Estudos Mirandeses, pueden servir de referencia para aclarar el tema: “L mirandés, imbora pertenecendo storicamente al domínio geo-lhenguístico sturo-lhionés, ye hoije ua lhéngua andependente”.

Mejor que intentar especular sobre el número de hablantes leoneses y zamoranos, ante falta de estudios específicos y fiables al respecto, el siguiente dato puede dar idea cabal del estado real del asturleonés en el Viejo Reino en relación con las situaciones asturiana y mirandesa: durante el siglo XX y lo que llevamos andado del XXI se han publicado poco más de una veintena de libros en variedades leonesas del asturleonés o con presencia destacada de éste, de los que 13 títulos corresponden a Eva González y a Roberto González-Quevedo. Asimismo, sólo en la década que va de 1998 a 2008 se han publicado cerca de veinte obras en mirandés que cuenta con unos 5.000 hablantes, mientras que en Asturias las publicaciones en la lengua autóctona desde 1839, fecha en la que apareció el primer libro en asturiano, alcanzan aproximadamente las 2.500.

EL ASTULEONÉS EN LAS SOCIEDADES LEONESA Y ZAMORANA

Paradójicamente es en el presente momento histórico en que el asturleonés se encuentra en una situación agónica cuando la sociedad leonesa ha demostrado un mayor aprecio, o, al menos, interés, por este idioma. En la actualidad existe un cierto debate sobre el papel del asturleonés en nuestra sociedad, hay un mayor cultivo escrito, siempre dentro de una producción mínima, se han constituido asociaciones para su defensa y promoción, y se han puesto en marcha iniciativas para su recuperación más o menos acertadas. Desgraciadamente, en general, los hablantes patrimoniales no han variado su tradicional poca estima por la lengua de la que son depositarios y usuarios, aunque también es verdad que no han recibido nunca ningún estímulo ni apoyo por parte de los poderes públicos para variar este estado de cosas, más bien todo lo contrario. Hay que reconocer, por otro lado, que el mecanismo de transmisión intergeneracional del asturleonés se rompió hace ya décadas.

La situación en la que se encuentra el asturleonés se puede resumir con el siguiente cuadro en el que seguimos de forma prácticamente literal a Jesús Burgueño (2002: 185 y 188), que analiza los procesos sociales que acompañan los fenómenos de diglosia:
• Confinamiento en el medio rural por un proceso histórico de retroceso territorial.
• Las élites locales no emplean nunca la lengua autóctona.
• El contexto de uso del asturleonés se restringe a familia y vecinos.
• Pérdida de la lengua entre las generaciones jóvenes.
• La lengua propia es vista como un obstáculo para la promoción social.
• Utilización del castellano de la lengua de prestigio, el castellano, en todos los usos formales y como única lengua escrita.
• Infravaloración de la capacidad expresiva de la propia lengua.
• Percepción del asturleonés como una degradación de la lengua oficial.
• Falta de conciencia de unidad lingüística a causa de la fragmentación geográfica e incomunicación de las comunidades de hablantes, lo que se traduce en el caso asturleonés en la presencia de denominaciones localistas.

El propio Burgueño en su caracterización sociolingüística básica de los territorios bilingües en nuestro país clasifica al leonés, al que califica como lengua debilitada, en la peor de las situaciones posibles, esto es, al borde de la extinción en muy pocos años. Sin embargo, hay cosas que han empezado a cambiar en relación con el asturleonés en nuestra sociedad como se constata en dos recientes estudios sociolingüístico realizados respectivamente en el norte de León y en la totalidad de esta provincia bajo la dirección de los profesores García Arias y González Riaño (2006 y 2008), centrados en el análisis de la pervivencia del asturleonés, conciencia de uso y actitudes lingüísticas por parte de sus hablantes tradicionales; en el segundo estudio se concluye que:

“Los leoneses aprecian a su habla tradicional y son conscientes de que ésta forma parte inseparable de lo que podríamos denominar . En este sentido, rechazan por completo la asociación entre empleo de la misma e incorrección lingüística. Aunque el habla tradicional va perdiéndose, hecho del que son conscientes la mayoría de la gente de León, aunque se mantiene un porcentaje mínimo de usuarios como para poder iniciar con garantías un proceso de recuperación lingüística. Para luchar contra esa posibilidad de perdida, la mayoría de los leoneses es favorable al reconocimiento jurídico del habla tradicional, a plantear líneas de colaboración con Asturias en materia de política lingüística, a su presencia escolar y a su promoción institucional”. (González Riaño y García Arias, 2008: 119).

EL FUTURO: EL ASTURLEONÉS COMO PATRIMONIO

“El leonés será objeto de protección específica por parte de las instituciones por su particular valor dentro del patrimonio lingüístico de la Comunidad.”, dice el primer enunciado del artículo 5.2 del recientemente reformado Estatuto de Autonomía de nuestra Comunidad Autónoma. En realidad el párrafo trascrito no hace sino concretar lo que ya recogió en 2002 la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León, norma que tiene por objeto el conocimiento, la protección, el acrecentamiento, la difusión, la investigación y la transmisión a las generaciones futuras del patrimonio cultural de la comunidad en el que se integra el patrimonio lingüístico, conformado, de acuerdo con el artículo 64 de esta ley, por las diferentes lenguas, hablas, variedades dialectales y modalidades lingüísticas que tradicionalmente se hayan venido utilizando en el territorio de la Comunidad Autónoma. Esta concepción del leonés como un elemento valioso de nuestro patrimonio cultural resulta de enorme interés por las múltiples posibilidades que ofrece y por el principio de consenso que se puede lograr en nuestra sociedad a la hora articular medidas para su protección y conservación partiendo de esta idea. Las lenguas, también las minorizadas y minoritarias, constituyen una parte no menor del patrimonio cultural inmaterial, entendiendo éste como el que “se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”, tal y como recoge la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, tratado internacional auspiciado en 2003 por la UNESCO y ratificado por nuestro país en 2007, y donde se incluye expresamente el idioma como vehículo y elemento constitutivo del patrimonio cultural inmaterial.

El segundo enunciado del citado artículo 5.2 del Estatuto de Autonomía prescribe que la protección del leonés, su uso y promoción serán objeto de regulación. Dicha regulación, inexistente a día de hoy, tendrá que verificarse de conformidad con la Carta Europea de Lenguas Regionales y Minoritarias del Consejo de Europa, ratificada por España y en vigor como derecho interno desde 2001, cuyo artículo 7 establece un programa de objetivos imprescindibles a cuyo desarrollo están obligadas tanto la administración estatal como la autonómica. El compromiso y las obligaciones de los poderes públicos quedan definidos en las normas mencionadas, pero es la sociedad leonesa y especialmente los hablantes de asturleonés quienes han de decidir en última instancia cuál es el futuro de nuestro patrimonio lingüístico. En este sentido quizá sea de utilidad tener en cuenta las palabras del gran historiador Américo Castro quien sentenció que “el menor patois [habla local] encierra tal cantidad de interés sicológico, histórico y lingüístico que su conservación es obligada empresa para todo pueblo culto.”

BIBLIOGRAFÍA

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BURGUEÑO, Jesús (2002): “El mapa escondido: las lenguas de España”, en Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles 34: 171-192.
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MORALA RODRÍGUEZ, José Ramón, [editor] (2007): Ramón Menéndez Pidal y El Dialecto Leonés (1906-2006), Salamanca, Instituto de la Lengua Castellano y Leonés.
VIEJO FERNÁNDEZ, Xulio (2003): La formación histórica de la llingua asturiana. Uviéu, Trabe.

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