El Sil que baxaba de la nieve, l.libru de Roberto González-Quevedo

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Un objeto, un recuerdo, una mirada o un lugar. La cinematografía, la literatura, el arte, están llenos de sucesos que sirven de vehículos a la memoria. El viaje de Roberto González-Quevedo por los temas fundamentales del ser humano, aquellos que le hacen humano, se realiza sobre las aguas frías, mágicas y salvajes del Sil. El Sil que baxaba de la nieve es un libro de textos sin historia, pero con historias. No es un libro de cuentos, pero contiene bellos cuentos, trascendentales retazos de la vida, que Roberto González-Quevedo sabe hilar con sabiduría notable. La muerte, la locura, el mito del emigrante, el recuerdo épico del padre, los tiempos pasados como tierra de oportunidades y, sobre todo, de desengaños, de perdida de la inocencia. Todo ello, y más, lo encontramos en este libro excelente. El autor va narrando con una prosa llena de poesía y misterio diversos episodios de su vida, en clave biográfica y en clave ficcional a partes iguales, porque en cada página hay un hecho real que se confunde con un sueño y un desengaño. El descubrimiento de la muerte protagoniza el primer corte del volumen. En él se rompe la ingenuidad del niño. Resulta llamativo que el escritor empiece por el final, por la meta de la vida, por la muerte. La significación de la parca constituye un hecho trascendental que tiene repercusiones para siempre. Ese momento es el elegido por Roberto González-Quevedo para iniciar su navegación sobre el río Sil. Pero hay más desencuentros: como la llegada de la democracia y la constatación de que nunca hubo vencedores, sigue sin haberlos, y lo que sí hay es un gran ejercito de vencidos. La guerra civil será un fantasma cuya sombra se alargue sobre generaciones posteriores, asustando por sus repercusiones y sus representantes. El libro está lleno de otros descubrimientos, como la locura. Una suerte de maldición sobre el que la padece, un camino que sigue la maldad para manifestarse, sin que ello suponga que todos los que no están locos son buenos, y viceversa. El Sil que baxaba de la nieve cuenta en su haber con un mérito difícil e inteligente: hablar de la «señaldá» sin citarla una sola vez. Todo el libro es un canto a un tiempo perdido, una reconstrucción de uno mismo a través de su historia, una búsqueda de referentes en un mundo quizá con demasiados referentes. Como el padre, figura arquetípica que significa una protección, una idea, que en algún momento desaparece, y abre una grieta, un antes y un después en la vida de cualquier ser humano. O el tren de carbón y pasajeros que conectaba el mundo del niño con el universo de los adultos. O la lejanía de la que llegaban los parientes ricos, hacedores de sueños, símbolos inalcanzables. Escrito en asturiano occidental, El Sil que baxaba de la nieve nos lleva de Palacios del Sil a Madrid, de Madrid a Viena, de Ponferrada a Oviedo, pasando por Buenos Aires. Cada ciudad regala su momento, su objeto referencial, que tiene su eco en el río Sil, en la memoria del autor y en la piel del adulto, que aprendió a ser quien es de sus padres, en los libros de cosacos, y en las aguas que bañan una tierra de montañas y valles, de algún modo, perdidos para siempre.

Jose Ángel Gayol, La Nueva España, 12 de xineiru de 2008 .

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