IV. L´asturllionés nun ye un dialectu del castellanu

 

Tradicionalmente considérase que´l llionés ye un dialectu del castellanu; anguaño, pretende defínese al idioma cumo un conxuntu de falas, o meyor de “hablas” (en Llión) o “bables” (n´Asturias), nun craru intentu de tarazar la unidá interna de la llingua, anque´l propiu Menéndez Pidal ya establecíu la relativa unidá del idioma que lóxicamente tien variantes cumo todas las llinguas. Pero, ¿ye´l llionés un dialectu del castellanu?, ¿ye una variedá de la llingua castellana cumo lo son l´andaluz o´l canariu? Respective a la consideranza d´una determinada forma de falar cumo llingua o dialectu, nel ámbitu del nuesu dominiu especialmente, son mui acertadas las palabras del profesor Ramón d´Andrés:

“El status del asturleonés. En consecuencia, es necesario distinguir la lengua de los lingüistas y la lengua de los no lingüistas, y más concretamente la lengua de los hablantes (o la lengua de los políticos). Por tanto, se impone ya constatar dos verdades no excluyentes una de otra: el asturleonés es una «lengua (glotológica)» para los lingüistas, pero no una «lengua (sociológica)» de los hablantes, a excepción de Miranda del Douro y Asturias. ¿Es el asturleonés una lengua glotológica, una lengua de los lingüistas? La respuesta es que Ramón Menéndez Pidal es precisamente quien descubre para la comunidad científica la condición de lengua glotológica del asturleonés. Es Pidal quien, con medios exclusivamente glotológicos, establece el taxón románico «asturleonés», y eso a pesar de la terminología que utiliza («dialecto»).

Se entenderá fácilmente que el hecho de que el asturleonés carezca de una serie de atributos socioculturales (como unificación literaria, literatura potente, prestigio social, status de oficialidad, etc.) no puede ser factor válido para que el lingüista se conmueva en cuanto a su clasificación dentro de la glotodiversidad románica. En coherencia, el asturleonés tendría que contar con capítulo propio en los manuales sobre lenguas ibéricas, y en puridad debiera excluirse de los manuales de dialectología castellana. Se mire como se mire, es un desacierto incluir el asturleonés como un dialecto del castellano. En mi opinión, el concepto de «dialecto secundario» aplicado al asturleonés no aporta nada glotológico, y se basa en realidad en consideraciones de tipo cultural o político.

A decir verdad, sí hay una manera de concebir el asturleonés como un dialecto del castellano: se trata de las modalidades de asturleonés que han recibido tal cantidad de interferencias del castellano, que ha rebasado el límite diferencial entre lenguas; ese asturleonés castellanizado se ha convertido en realidad en un castellano con rasgos de sustrato leonés. Ese «leonés» o «asturiano» es ya, en realidad, el «castellano de León» o el «castellano de Asturias»; ese sí es un asturleonés «dialecto del castellano».

El papel de Menéndez Pidal en relación al asturleonés. Hemos dicho que Pidal fue quien descubrió para la ciencia el taxón glotológico «asturleonés» en el ámbito románico y peninsular, es decir, quien descubrió la «lengua glotológica asturleonesa». Pero Pidal no la llamó lengua, como sí lo hizo con otros taxones homólogos, como el castellano o el catalán; la llamó dialecto leonés.

Ahora bien, al respecto conviene hacer algunas precisiones. En muchas ocasiones, Pidal utiliza dialecto referido al leonés (y aragonés), contraponiéndolo a lengua referido al resto de romances peninsulares. En mi opinión, dialecto significa aquí «lengua que no ha alcanzado cierto status sociocultural», medido en cuanto a unificación literaria, prestigio, etc. Se trata, claramente, de una intrusión de origen extralingüístico, conectada con el pensamiento castellanista de Pidal, que inunda las humanidades de su generación, e impregna el discurso filológico de la lingüística española en todo el s. XX, eso que se ha llamado «la Escuela Española». Se trata de una corriente de pensamiento paralela a la que impera en otros países románicos. De hecho, ¿cuántos romanistas coinciden en enumerar las lenguas románicas? ¿Por qué el asturleonés no suele figurar en la lista de las lenguas románicas?

Así pues, en el caso del asturleonés la constatación glotológica queda velada por un discurso filológico-ideológico que bloquea el uso normal glotológico del término lengua. Pero dado que tal contraposición entre «dialecto leonés» y «lengua española» puede resultar claramente inexacta en una exposición científica, el mismo Pidal se vale de otras posibilidades terminológicas más «neutras», que consisten en denominar dialectos, dialectos romances o romances tanto al leonés y aragonés como al castellano, catalán o gallego-portugués. Otro procedimiento consiste en equipararlos en enumeraciones, sin adscribirlos a ninguna denominación. En cualquier caso, evita explícitamente el término lengua aplicado al asturleonés.”

H. Walter, que nun ye precisamente parte interesada nesti debate, tamién ofrez opiniones mui interesantes sobre la crasificación del asturllionés cumo llingua:

“UN DIALECTO ES UNA LENGUA: No hay que pensar que un dialecto o habla regional sea una lengua “mal hablada”: al contrario, se trata de una lengua completa, con una gramática y un léxico específicos. Si hoy se dice que el italiano, el español o el francés son lenguas, no es porque sean más ricos, más bellos o estén mejor estructurados que el leonés, el napolitano o el picardo, sino porque han adquirido mayor prestigio al convertirse en lenguas literarias y oficiales de Estados constituidos. Es más los idiomas que fueron los puntos de partida de estas tres lenguas, es decir, el dialecto toscano de Florencia, el dialecto castellano y el dialecto de la Île-de-France no eran, en un principio, más que hablas locales de un área geográfica muy reducida”.

 

Consideranzas extra-llingüísticas de tipu social (quién fala esti idioma y qué opinión tienen inculcada los falantes sobre la sua llingua), lliterarias, el númaru de falantes, o´l tratamientu llegal, son las que se tienen en cuenta a la hora de catalogar un sistema llingüísticu como dialectu o llingua. Pero tamién esisten causas de tipu históricu y políticu que llevan a crasificar a una forma de falar cumo llingua o dialectu. Cola entrada de la corona llionesa na órbita castellana, el llionés foi cada vez más relegáu pol idioma castellanu a los usos orales, cumo ocurríu col restu de los idiomas peninsulares. El castellanu foi, especialmente a partir del siegru XV, la llingua de la Igresia, de l´Administración y del Exércitu, de la enseñanza, en definitiva la llingua del Estáu, sin que quedara sitiu pal usu d´outras realidades llingüísticas que foron desprestixadas, devaluadas y, nel casu llionés, hasta ridiculizadas polos castellanos o castellanizaos cumo formas de falar imperfectas y rústicas. Montes Giraldo esplica d´un xeitu concluyente por quéi s´subordina al asturllionés y a outros idiomas al conxuntu de la llingua castellana:

“…sólo el hecho de que las funciones comunicativas de mayor amplitud y prestigio deben buscarse por los hablantes de algunos idiomas fuera de tales idiomas, en la lengua dominante o subordinante y que, por consiguiente, también la norma modélica se busque en esa lengua, hacen que se incluyan idiomas como el aragonés, el leonés, el asturiano, o los dialectos indígenas americanos, en el conjunto del español”.

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